Cultural

La escritora Nery Santos gana el Premio Gabriela Mistral 2026 con ‘Yo, Animal’

La escritora venezolana Nery Santos Gómez ganó el Premio de Poesía Gabriela Mistral 2026 por ‘Yo, animal’. Hablamos con la autora sobre su obra.

La escritora Nery Santos gana el Premio Gabriela Mistral 2026 con ‘Yo, Animal’

La escritora venezolana Nery Santos Gómez ganó el Premio de Poesía Gabriela Mistral 2026 por ‘Yo, animal’. Hablamos con la autora sobre su obra. //Foto: Cortesía.

Compartir

Nery Santos Gómez es narradora, poeta y ensayista venezolana, residente en Estados Unidos. Acaba de ganar el Premio Internacional de Poesía Gabriela Mistral 2026 por su libro ‘Yo, animal’ (Sial Pigmalión, 2026).

Es autora de ‘Lazareto de afecciones’, ‘Al borde de la decencia’, ‘Últimas palabras’, la trilogía ‘Fronteras desdibujadas’ y ‘Las cenizas de Bárbara Capocci’, escrita junto a José Luis Marín Aranda y galardonada en 2026 con el Premio Escriduendes a Mejor Novela, en el marco de la Feria del Libro de Madrid. También ha recibido reconocimientos en los International Latino Book Awards y el Premio Anaïs Nin. Dotada de una gran imaginación, sensibilidad y agudeza interpretativa, conversó con Facetas.

¿Qué obsesiones acompañan su obra poética?

-Hay una constante en mi literatura desde mis primeros libros: la necesidad de desdibujar fronteras. No por casualidad ‘Fronteras desdibujadas’ es el título de una trilogía que he publicado. También está presente en libros como ‘Al borde de la decencia’ o ‘Lazareto de afecciones’. Me interesa acercarme a esos límites que la sociedad, la cultura o nosotros mismos hemos establecido y preguntarme qué ocurre cuando los atravesamos, cuando los cuestionamos o cuando descubrimos que quizá nunca fueron tan sólidos como creíamos. Lea también: Rafael Martínez Moreno: Confesiones de un cineasta magistral

Portada del poemario laureado de la escritora Nery Santos Gómez, Premio Internacional de Poesía Gabriela Mistral 2026.//cortesía
Portada del poemario laureado de la escritora Nery Santos Gómez, Premio Internacional de Poesía Gabriela Mistral 2026.//cortesía

En ‘Yo, animal’, esa búsqueda se dirige hacia una de las fronteras más antiguas que hemos construido: la que separa al ser humano del resto de los animales. Durante siglos, amparados en la razón, el lenguaje y la cultura, hemos querido situarnos por encima de nuestra condición animal. El libro cuestiona precisamente esa supuesta superioridad. Porque, por mucho que intentemos distanciarnos de ella, nuestra animalidad continúa habitándonos. En el poemario aparecen el migrante, la cicatriz, el beso, la cigarra, la ballena, el océano, la tierra, el cuerpo o incluso los seres mitológicos. Son distintas formas de aproximarme a una misma pregunta: ¿cuánto de aquello que llamamos humano pertenece también a esa memoria animal que seguimos llevando dentro? Diría que una de mis obsesiones literarias más persistentes: mirar las fronteras que hemos creado y descubrir qué existe al otro lado. ‘Yo, animal’ continúa esa búsqueda, pero esta vez la frontera que intento desdibujar atraviesa nuestro propio cuerpo.

¿Qué poetas y qué autores han sido decisivos en su formación como poeta?

-Mi formación como poeta no procede únicamente de la poesía. Disfruto muchísimo la lectura y es parte integral de mi vida y creo que todo lo que leemos termina, de alguna manera, entrando en nuestra escritura, y transformándola. Poetas como Gabriela Mistral, García Lorca, Emily Dickinson, Walt Whitman, Pablo Neruda y Octavio Paz son algunos que me hacen disfrutar y emocionarme, sin embargo, muchos de los autores que han sido decisivos para mí pertenecen, de hecho, a la narrativa. Lea también: Jaime Carrasquilla: pintura y escultura desde una mirada cartagenera

¿Qué matices y qué nuevas temáticas han surgido en la poesía del mundo en este momento?

--No estoy segura de que podamos hablar de temas absolutamente nuevos en la poesía. La poesía ha acompañado al ser humano desde sus primeras preguntas y, en ese sentido, continúa regresando a sus grandes conflictos existenciales: el amor, la muerte, la enfermedad, la soledad, la pérdida, el miedo, la vejez, el deseo de trascendencia. Lo que sí cambia son los matices, la perspectiva desde la que contemplamos esos temas y, sobre todo, aquello que cada época se permite nombrar.

Hoy, por ejemplo, encuentro una presencia mucho más visible de la enfermedad, del deterioro cognitivo, del Alzheimer, de la vejez y, especialmente, de la figura del cuidador. Ya no se escribe solamente desde quien enferma o desde quien muere, sino también desde quien acompaña, alimenta, baña, espera, recuerda por el otro y contempla cómo una persona amada va perdiendo fragmentos de sí misma. Esa cotidianidad del cuidado, que durante mucho tiempo permaneció casi invisible, entra ahora con mucha fuerza en la literatura.

¿Qué piensas de la poesía como herramienta de exploración del pensamiento, la ciencia y el humanismo?

-Creo profundamente en la poesía como una herramienta de conocimiento. No solamente como una expresión de emociones, sino como una forma de pensar el mundo, de interrogarnos sobre aquello que somos y sobre el universo que habitamos. Hay una imagen de la tradición judeocristiana que siempre me ha parecido. En el Génesis, después de la creación, Dios contempla cuanto ha hecho y ve que es bueno; después llega el descanso del séptimo día. Más allá de la lectura religiosa, me conmueve esa idea del ser humano como criatura que también siente la necesidad de crear y después contemplar lo creado. Nosotros construimos pequeños mundos dentro de este mundo que nos contiene: levantamos ciudades, trazamos carreteras, componemos música, pintamos, escribimos libros, imaginamos personajes y creamos universos enteros con palabras. Y, sin embargo, después de todo lo que hemos aprendido y construido, seguimos sintiéndonos pequeños ante la inmensidad.

¿Qué vivencias de su vida —emociones extremas, dolorosas o felices— han sido más difíciles de convertir en imagen poética?

-Quizá las vivencias más difíciles de convertir en imagen poética sean precisamente aquellas que nos atraviesan por completo, tanto las dolorosas como las felices. Cuando una emoción es extrema, la palabra corre el riesgo de quedarse corta o de explicar demasiado. La poesía obliga a encontrar otra vía: una imagen, un animal, un elemento de la naturaleza, algo que permita decir sin agotar aquello que se siente. En ‘Yo, animal’ parto justamente de esa idea. Al comienzo del libro escribo: este libro nace de una intuición: el ser humano no está separado del mundo, sino tejido con él.

Banner Internas App – El Universal
Siga las noticias de El Universal en Google Discover
Únete a nuestro canal de WhatsApp
Reciba noticias de EU en Google News