La semana pasada fuimos testigos de dos hechos muy significativos para la derecha latinoamericana: El primero ocurrió fuera de las latitudes del continente, con el reconocimiento de la líder opositora venezolana María Corina Machado Parisca como Nobel de Paz 2025, por, y cito “su incansable labor en la promoción de los derechos democráticos del pueblo de Venezuela y por su lucha por lograr una transición justa y pacífica de la dictadura a la democracia”, y el segundo, casi en el fin del mundo, en las australes tierras del mejor vino de estas instancias geográficas, con la elección del maliciosamente llamado ultraderechista José Antonio Kast en las presidenciales chilenas.
El fenómeno de derechización del mundo, que se está viendo con rápida intensidad en América, responde a varios factores que me gustaría analizar. Primero, el liberalismo ha fracasado en todo el mundo en la búsqueda de soluciones a los problemas básicos de las sociedades tales como la educación, el empleo, la seguridad y la salud. Por la misma razón que los gobiernos conservadores cansaron a la población, así mismo los ciudadanos inconformes y desilusionados encuentran en el populismo de derecha, el antiliberalismo, el tradicionalismo y hasta en el autoritarismo la esperanza de verdadera transformación que la izquierda y el liberalismo no lograron.
Ese es el caso de lo sucedido en Chile, donde se dice que el triunfo de Kast es una respuesta a la inconformidad de la sociedad chilena con gobiernos de izquierda socialista como el de Bachelet y del propio Gabriel Boric, y de tímidos liberales como el de Piñera, el de Frei-Ruiz y el de Alwyn, y optaron por una solución que, para los contradictores eternos de la derecha, se asemeja o emula a la dictadura Pinochetista. Me pregunto entonces por qué no han podido cambiar la constitución imperfecta y manchada del Tata Pinochet, de la que tanto reniegan los socialistas nostálgicos de Allende ¿tan mala es que la siguen aplicando?
Segundo, la seguridad SI es importante. De acuerdo con los expertos, en el caso chileno, la población sigue preocupada de la seguridad del país con un 86%, comparándose esos resultados con 2021, donde el electorado manifestaba sentirse inseguro con un 90%. ¿Qué demuestra que no haya bajado significativamente la percepción de inseguridad en Chile en 4 años? Que la seguridad es clave y es un asunto que la izquierda tradicionalmente ha desatendido ¿Cómo puede un socialista garantizarle seguridad a su país, cuando es promotor del caos y la movilización cívica como respuesta a la desigualdad? Entendamos que las palabras “socialismo” y “orden” jamás serán compatibles. El propio Bakunin decía “No reconozco autoridad infalible. Una fe semejante sería fatal a mi razón, a mi libertad. Me transformaría inmediatamente en un esclavo estúpido y en un instrumento de la voluntad y de los intereses ajenos.”
Tercero, como derivación del segundo, un exacerbado sentimiento nacionalista. Éste es el caso de Estados Unidos, donde ganó Trump con la promesa de devolverle America a los Americans, un refrito de la Doctrina Monroe, del Destino Manifiesto de los blancos, en el que supuestamente el insípido dios protestante (no Dios con mayúscula inicial, porque no podría referirme a Él de esta manera tan insulsa) los escogió para poblar y someter la tierra. Si bien Trump no está pensando genuinamente en colonizar la esfera terrestre, si está preocupado en como los migrantes se llevan los dólares para sus familias en South America, como les roban los empleos y hacen más inseguro su sagrado suelo. Bajo el lema de Make America Great Again, Trump empodera a los nacionalistas y supremacistas blancos para que recuperen a sangre y fuego el país para ellos. Recordemos por favor por un momento que allá ganó Trump con esas ideas, y que allá no es acá, ni acá es allá, así que objetivamente no estamos autorizados para lanzar juicios.
Cuarto, la economía como forma de dignidad. El ejemplo de Argentina aplica para este caso, pues un independiente con cabello desaliñado logró cautivar a los votantes, cansados de promesas incumplidas de los muy dignos civilistas peronistas, que no lograron recuperar los empleos de dos de cada cinco argentinos, y que atravesaban su tercera crisis económica desde la dictadura del 76. Milei, vulgar y despeinado como es, ganó porque no era político, porque no era de los mismos de siempre, sin experiencia previa en el ejecutivo, con un discurso rupturista y tosco, hizo entender a los argentinos que la tan anhelada dignidad que venden los zurdos no sirve pa’ nada si en los bolsillos no hay platica. Si la gente no puede comprar lo mínimo o lo justo, si no tiene dinero para gastar en lo que quiera, en invertir para su futuro, en adquirir experiencias, en… vivir, simplemente vivir como quieran. Las cifras hablan solas, desde que Milei implantó sus reformas, la inflación pasó del 25% al 2% y 2024 fue el año con más superávit en más de 10 años.
¿Qué pasa en Colombia? Es triste reconocerlo, pero Colombia está siempre atrasada de la vanguardia internacional. Cuando se propagó el cáncer del socialismo del siglo XXI y los vecinos americanos siguieron el mal ejemplo de Chávez, Colombia vivía en los albores de la seguridad democrática, es decir que éramos un país sui generis. No en vano a Bush prefirió saltarse de su gira latina del 2007 Venezuela, pero a Colombia la privilegió con su presencia. Acá mandaba la mano firme y el corazón grande (la derecha radical pero que parecía que si funcionaba) mientras que el resto del continente estaba teñido de progresismo. Ahora que la región ha regresado a la derecha, Colombia, nuevamente se queda atrás, con un trasnochado progresismo, que, sin embargo, es fresco y parece indestronable.
El mal gobierno de Petro no ha afectado su enorme popularidad en las clases populares, cautivadas por su discurso revanchista y cuidadosamente manipulador. Ni los escándalos de corrupción y nepotismo por miles, ni ser un paria financieramente hablando, ni pasando vergüenzas internacionales opinando de todo menos de su propio país, ni la ineficiencia de su gabinete, ni la injerencia de su bancada en asuntos de nuestra seguridad nacional. Es que pareciera que Petro es como el teflón, todo lo salpica, pero todo le resbala, y cae siempre bien parado para su ejército de seguidores. Igual pasa con un sector de la juventud, que gracias a Dios está disminuyendo, porque inexplicablemente goza de mucho carisma.
Ese carisma que le falta a su ficha y más que probable sucesor, pero que por ser el Persecutor de Uribe le basta y le sobra para hacer una cómoda campaña a la presidencia. Sin embargo, me pregunto ¿Por qué la molestia del presidente que le den el Nobel a María Corina y que José Antonio Kast haya ganado la presidencia de un país soberano desde 1990? ¿A que juega el presidente con su silencio cómplice con Nicaragua y Venezuela? ¿Por qué le molesta que la izquierda retroceda estrepitosamente en el continente? ¿Será que siente que lo están cercando fascistas y nazis? Desafortunadamente esos temores no se ven reflejados en la ciudadanía, donde el zurdo encabeza todas las encuestas y su victoria cómoda en primera y segunda vuelta parece cantada.
Amanecerá y veremos, si Colombia queda nuevamente fuera de la tendencia internacional, o si, por el contrario, la derecha fragmentada se pone las pilas, se unifica depurando candidatos de adorno, sin opciones viables, pero con apoyos interesantes, y dando la pelea logra sumar otro gobierno de derecha para la región. Nos unimos a la letanía: De otro socialista sesgado o un derechista fanático Libranos Señor.

