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Columna

Pensamiento fílmico del Caribe en Cartagena

“Hace 65 años se concretó el pensamiento fílmico del Caribe en cabeza de cineclubistas, periodistas, profesores, estudiantes y críticos...”.

Ricardo Chica Geliz

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La cultura cinematográfica implica interrogar qué significan las películas. Más allá de hacer una película, venderla, distribuirla, verla y valorarla a través de la crítica, se trata de un nuevo tipo de percepción del mundo que apareció cuando la imagen fija se puso en movimiento.

Una nueva percepción estética, un nuevo sentimiento y nuevos hábitos y comportamientos. Cualquiera pudo acceder a la novedosa experiencia sensorial en virtud de la expansión global del negocio del cine. Desde la primera mitad del siglo XIX, comienzan a llegar a este puerto, varios juguetes que creaban la ilusión óptica del movimiento, como lo fueron: el cosmorama y el diorama en 1846, el fantascopio o disco mágico en 1849, y el vitascopio y el kinematógrafo en 1897.

La primera característica de la cultura cinematográfica es la expectativa por saber cómo van a desarrollarse los acontecimientos en tal o cual película; sin embargo, en el siglo XIX, buena parte de la expectativa general estaba centrada saber en qué momento y en qué condiciones la fotografía se iba a convertir en cine. Así, la ciencia y la tecnología de la óptica pasó del experimento al negocio, pues muchos de estos juguetes pre-cinematográficos fueron comercializados en todo el mundo.

La gente pagaba una boleta para conocer la curiosidad técnica, lo que cambió más o menos hacia 1905, cuando aparece el Teatro Variedades -e convertiría en el Teatro Cartagena hacia 1941- y la expectativa se volcó hacia los contenidos de las películas. Esa nueva costumbre deviene en cultura cinematográfica en virtud de prácticas que consisten en ver todos los estrenos; reconocer novedades como las divas y estrellas, las modas, la actualización del gusto y el vuelco de las costumbres; y la valoración de las películas a través del comentario de prensa, las juntas de censura, la crítica cinematográfica, los cineclubes y los debates públicos con sus escándalos, opiniones y provocaciones.

Cuando aparece el primer Festival Internacional de Cine en Cartagena, en 1960, todo el pueblo se volcó sobre la pantalla. El Festival nació barrial, negro, popular, caribeño y fascinado con una experiencia de aprendizaje que, no solo nos enseña qué desear, sino cómo. Hay fascinación por aprender nuevos estilos de ser pobre y ejemplo de ello son personajes como ‘Charlot’, de Charlie Chaplin; o ‘Cantinflas”, de Mario Moreno, entre muchos otros.

La cultura cinematográfica es fascinarse por saber, lo que puede reafirmar nuestras creencias y sistema de valores, o por el contrario, desconfiar de ello e incomodar al pensamiento único. Ayer como hoy el Festival de Cine es fiesta y pensamiento. Hace 65 años se concretó el pensamiento fílmico del Caribe en cabeza de cineclubistas, periodistas, profesores, estudiantes y críticos de cine locales que interrogaron el mundo desde toda Cartagena.

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