Ecopetrol sigue siendo la joya de la corona. Como Grupo Empresarial es el más importante del país, uno de sus principales activos estratégicos y una fuente insustituible de ingresos para la Nación. Por ello, lo que ocurra con ella trasciende a la propia empresa: compromete las finanzas públicas, la seguridad y soberanía energética y, desde luego, el futuro de la transición energética.
De allí que la primera y principal tarea del nuevo gobierno de Abelardo De La Espriella sea recuperar su gobierno corporativo. El primer paso será permitir que la nueva junta directiva de la empresa obre con independencia y autonomía. El segundo gran reto consiste en volver a centrarse en el core de su negocio. Por muchos años todavía, la exploración, producción, transporte y refinación de hidrocarburos seguirán siendo el soporte fundamental de sus ingresos, de su flujo de caja y de sus utilidades.
Uno de los mayores desafíos que enfrenta Ecopetrol es garantizar la reposición de sus reservas probadas y así ampliar el limitado horizonte de la autosuficiencia. Una empresa petrolera que no explora termina consumiéndose a sí misma. Cada barril que produce debe procurar reemplazarlo con nuevas reservas. Durante el cuatrienio anterior se le hizo un gran daño a Ecopetrol y al país, con la absurda e inconveniente decisión de descartar la firma de nuevos contratos de exploración y producción de hidrocarburos, así como la proscripción del uso de la técnica del fracking para explotar yacimientos no convencionales (YNC) en rocas generadoras.
De allí la necesidad de reanudar las rondas para la adjudicación de áreas y la celebración de nuevos contratos de exploración y explotación de hidrocarburos. Mi planteamiento es claro e inequívoco, llegó la hora poner término a la moratoria sobre la utilización de la técnica del fracking para desarrollar los yacimientos no convencionales (YNC) en rocas generadoras.
La evolución de los resultados financieros de Ecopetrol no puede pasar inadvertida. Las utilidades alcanzaron el récord de $33,4 billones en 2022, para descender a $19 billones en 2023, $14,9 billones en 2024 y $9 billones en 2025. En el primer trimestre de 2026 la utilidad fue de $2,8 billones frente a $3,1 billones en igual período de 2025, una caída del 7,7%, mientras la producción reportada por Ecopetrol descendió 2,7%. Igual han caído también las exportaciones, justo en una coyuntura de altos precios.
Precisamente por ello cobra mayor importancia aquello que sí está bajo su control: eficiencia, costos, inversiones, incorporación de reservas y productividad.
En este contexto adquiere especial importancia el futuro de la operación del Permian en Estados Unidos. Se trata de uno de los activos más rentables del portafolio de Ecopetrol. Por ello, como suelo decir, no hay que quedarse viendo la foto; hay que ver la película que se está rodando.
El país necesita una Ecopetrol sólida, rentable, eficiente, bien gobernada y capaz de competir. Una empresa que explore, produzca y reponga reservas; que aproveche sus activos rentables; que racionalice aquellos que no hacen parte de su negocio medular y que, con las utilidades provenientes de su actividad tradicional, financie progresivamente su transformación. La transición energética no se hace destruyendo el puente antes de llegar a la otra orilla. Por eso, antes de pretender convertir a Ecopetrol en lo que todavía no es, debemos garantizar que haga cada vez mejor aquello que durante décadas ha sabido hacer, al tiempo que prepara responsablemente su futuro.

