¿Cuál es el futuro de las comunidades de la zona norte? Esta es una pregunta que se hacen con frecuencia los líderes y jóvenes de estas comunidades, algunas personas vinculadas con organizaciones no gubernamentales con presencia en la zona, algunos empresarios con preocupaciones por los impactos de los desarrollos urbanísticos que se están y van a seguir presentando en el área, y tal vez algunos funcionarios públicos, que parece que miran más los votos que las condiciones reales de estas poblaciones.
Creo que para nadie es un secreto que hoy se registra una profunda transformación en toda la zona, partiendo de La Boquilla, que de alguna forma ya ha sido intervenida no solo por decenas de edificios de apartamentos, algunos hoteles, como por cambios significativos en el universo cultural, laboral y social de sus habitantes, con proyectos que llegan mucho más allá de los límites de la ciudad, en el kilómetro 40 en la Vía del Mar hacia Barranquilla. En estos momentos hay quienes afirman que se están ejecutando más de 40 grandes proyectos, sin contar los que apenas están adecuando los terrenos todavía sin valla informativa de licencia o de ventas.
Estas comunidades, entre caseríos, veredas y corregimientos presentan unas constantes: todas tienen más de 200 años de fundadas, todas fueron asentamientos de población afrodescendiente, todos rodeados de grandes propiedades que están orientando su uso al desarrollo urbano con diferentes fines, pero además con sólidos vínculos con sus territorios, pues fue lo que les permitió subsistir entre la pesca, la caza, la agricultura de pancoger, la explotación de recursos naturales, como el mangle, los moluscos y la elaboración de carbón de origen vegetal, y la apropiación de recursos de los bosques que les rodeaba. Con una muy pobre inversión en la formación escolar, en infraestructura y equipamiento públicos, además alejada de sus potencialidades y sin vínculos con los recursos del contexto. Para algunos observadores, las condiciones de vida dentro de los límites de los pueblos tienden a parecerse más a un enclave, a unos asentamientos de viviendas sin ningún valor o atributo que a unos poblados con beneficios directos e indirectos por el desarrollo de su entorno.

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TATIANA VELÁSQUEZHoy sabemos de la existencia de empresarios preocupados por el futuro de estas comunidades, que mal o bien serán los vecinos de estos proyectos y podrán ser la cara a mostrar o a esconder. Ese interés sensato no es suficiente. Sin la presencia y compromiso del sector público ningún proyecto de intervención social será viable. Aquí deben concurrir todos los actores, los que por ley tienen competencias y responsabilidades, los que tienen voluntad y disposición de apostarle al futuro, partiendo de las condiciones de la infancia y adolescencia, de las capacidades y saberes, como en general de las condiciones sus habitantes para propiciar entre todos, empezando por sus líderes, un mejor futuro.
*Sociólogo.
