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Columna

La magia del Gran Malecón del Mar

“El sábado pasado la lluvia aplazó la inauguración. Al tiempo, hubo inundaciones severas en muchos sectores de la ciudad...”.

JESÚS OLIVERO

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El Gran Malecón del Mar tiene la magia de despertar entusiasmo en una ciudad cuyas carencias desbordan ampliamente esa obra. El alcalde ha convertido esa expectativa en protagonista de la conversación pública. El espacio de encuentro y la protección costera tienen valor, pero su atractivo no alcanza para resolver las urgencias de los barrios. Ahí empieza la discusión que Cartagena necesita sobre sus necesidades y el destino de sus recursos.

El sábado pasado la lluvia aplazó la inauguración. Al tiempo, hubo inundaciones severas en muchos sectores de la ciudad. El agua recordaba los apremios tierra adentro. La promesa del malecón más bello del mundo pertenece al lenguaje publicitario; la protección de los barrios exige resultados. El orgullo cartagenero requiere más que superlativos. La belleza importa, pero la calidad de una ciudad depende de cómo viven sus habitantes. Esa diferencia cobra importancia cuando el entusiasmo por el malecón coincide con una nueva solicitud de endeudamiento.

En 2024, el Concejo autorizó un cupo de $1,5 billones para inversiones, además de $60.000 millones para el alcantarillado de Bayunca y Pontezuela. Con los $150.000 millones recientemente solicitados por la Alcaldía, la suma de los cupos llegaría a $1,71 billones. El Proyecto de Acuerdo 129 de 2026 permite destinar el nuevo crédito a “cualquier proyecto o macroproyecto del plan de desarrollo”, sin individualizar obras ni asignarles montos. Aunque el alcalde anunció $46.000 millones para el acueducto de Barú, la ciudadanía necesita conocer qué proyectos recibirán financiación, sus costos y beneficios. El Concejo debe contar con esas respuestas antes de autorizar el crédito.

Poder pagar un préstamo no convierte cualquier gasto en prioridad. El crédito anterior financia colegios, movilidad y proyectos contra inundaciones, además del Malecón. Cartagena exige invertir en su gente, y una nueva deuda debe supeditarse a prioridades, incluida la formación de profesionales y líderes. El bicentenario de la Universidad de Cartagena, el 6 de octubre de 2027, ofrece esa oportunidad. He propuesto construir la Torre 200, un centro de investigación e innovación para formar jóvenes capaces de resolver los problemas del territorio y crear empresas. Dumek Turbay, egresado udeceísta, dejaría así un legado duradero a la educación pública. El gobernador Arana tampoco puede pasar de agache. La recuperación del entorno del Hospital Universitario del Caribe y del campus de Zaragocilla merece su compromiso, por dignidad y respeto a los usuarios.

Si estos ilustres mandatarios no otorgan a la educación y la salud la misma prioridad dada al embellecimiento turístico, celebraremos el bicentenario con fogata frente al mar. La magia del paisaje no reemplaza las aulas y los laboratorios que hacen falta.

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