La historia de Cartagena, su economía, cultura e identidad están ligadas al mar. Por eso, toda intervención en su borde costero debe sustentarse en estudios rigurosos y con una visión integral. Hoy, tres grandes proyectos intervienen el litoral para protegerlo del oleaje, las inundaciones y el ascenso del nivel del mar, además de generar espacios de esparcimiento.
Protección Costera, licenciada por la ANLA mediante la Resolución 1401 de 2017, comprende obras entre Crespo y el espolón Iribarren, en Bocagrande, destinadas a mitigar la erosión y proteger la ciudad. Luego surge el Gran Malecón del Mar, concebido para integrar espacio público, movilidad y paisajismo. Aunque no cuenta con licencia de la ANLA, Cardique otorgó viabilidad ambiental parcial. Este año, tras la emergencia asociada al frente frío, el Distrito anunció Defensa Costera 2050, un plan de intervenciones en Castillogrande, Centro Histórico, La Tenaza - Marbella y otras zonas vulnerables.
La coincidencia territorial y funcional de estas iniciativas amerita explicaciones. Su articulación con Protección Costera 2017 debe estar sustentada en estudios técnicos y modelaciones actualizadas, por la incorporación de nuevos espolones y de un enrocado frente al Centro Histórico que modifica la relación visual de la ciudad con el mar. De otra parte, la transformación del sistema de defensa costera plantea interrogantes sobre la pérdida de playas y del papel que jugaron los espolones en T en la conformación de aquellas y en la defensa del litoral. Sus intervenciones llevan a preguntarnos:
¿Por qué se requieren nuevas obras en sectores ya incluidos en Protección Costera? ¿Se complementan, modifican o sustituyen los diseños originales? ¿Se actualizaron las modelaciones morfodinámicas para evaluar los efectos conjuntos? ¿Las escolleras recuperarán las playas de El Cabrero y Marbella o prevalecerán el Malecón y otras obras sobre la recuperación del litoral y la movilidad en la avenida Santander? ¿Qué autoridad ambiental evaluó los impactos acumulativos de estos proyectos? Las playas no pueden convertirse en el costo oculto del desarrollo urbano. El Malecón del Mar debe garantizar el disfrute ciudadano, pero también permitir que la movilidad se planifique con visión de futuro. El paisaje, las visuales al ocaso y el carácter colectivo de la costa forman parte del patrimonio de Cartagena y no pueden quedar subordinados a decisiones fragmentadas.
La ciudad necesita una sola visión frente al mar, sustentada en rigor técnico, coordinación institucional, transparencia y participación ciudadana. Las decisiones de hoy definirán el litoral de las próximas generaciones. No pueden tomarse con improvisación ni comprometer irreversiblemente nuestro patrimonio costero.

