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Editorial

¿La deliberada balcanización?

“La cesión del control de regiones a grupos de delincuencia organizada, bajo una pretendida Paz Total, provocó que el mapa del país comenzara a ‘balcanizarse’, repartido en feudos donde las leyes del Estado no aplican...”.

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De todo lo que ha pasado, ratificado por el informe difundido ayer por Caracol TV, en cuanto a los acuerdos bajo la mesa que celebró el actual Gobierno a través del comisionado de paz al inicio de este cuatrienio, no es descabellado inferir que hubo desde Palacio una deliberada estrategia de balcanización del país.

Una balcanización, por supuesto, podía garantizar la pérdida de actuación de los partidos y movimientos políticos tradicionales en los territorios afectados y, por ende, la supremacía de los estrategas y propiciadores del fortalecimiento de los grupos criminales al tiempo de cualquier futura elección popular, o la toma de decisiones tácticas sobre vastas áreas con vocación para las industrias ilícitas, como narcotráfico, minería irregular, tráfico de armas, extorsión, explotación sexual y un largo etc.

El término ‘balcanización’, aplicado a la realidad colombiana, significa que las políticas o la retórica del Gobierno contribuyeron a fragmentar el país en facciones hostiles, lo que deviene de un concepto muy específico, surgido de la región de los Balcanes, en Europa suroriental, donde, a finales del siglo pasado, la violenta desintegración de lo que era Yugoslavia escindió la región en varios países independientes (Serbia, Croacia y Bosnia-Herzegovina) tras una serie de guerras cruentas marcadas por profundas divisiones étnicas, religiosas y políticas.

Cuando el término se aplica al debate político de un país, los politólogos suelen referirse a fenómenos consistentes en una polarización profunda, aupada deliberadamente por el gobierno respectivo para dividir a los ciudadanos en bloques opuestos, usando expresiones extremas como “ricos vs. pobres”, “el pueblo vs. la élite”, destruyendo la identidad o unidad nacional, un rol claramente asumido por el presidente cuando renunció a su obligación constitucional de encarnar la unidad nacional, a partir del día en que rompió relaciones con los partidos tradicionales, expulsando a los ministros que los representaban.

A partir de allí, la cesión del control de determinadas regiones a grupos armados, delincuencia organizada o poderes locales, bajo una pretendida Paz Total, provocó que el mapa del país comenzara a ‘balcanizarse’, repartido en feudos donde las leyes del Estado no aplican. Para tal fin, el debilitamiento de las instituciones, singularmente de la inteligencia militar, con la remoción de generales y almirantes de las Fuerzas Militares y de Policía, no era sino un paso necesario, tal y como ocurrió.

De nada valieron las copiosas voces que alertaban al Gobierno y al país sobre su evidente rompimiento en pedazos, y de la pérdida de la cohesión social o territorial debido al camino escogido para tramitar la gestión de las relaciones con los grupos armados.

¡Se espera del alto Gobierno las obligadas explicaciones!

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