Las celebraciones de fin de octubre y comienzos de noviembre suelen someter a prueba la convivencia, la movilidad y la seguridad de la ciudad. En años pasados, estas fechas estuvieron marcadas por la zozobra de desórdenes callejeros, la parálisis del tráfico y lamentables tragedias viales. Sin embargo, el balance que deja este fin de semana en Cartagena de Indias constituye una grata lección de madurez colectiva.
Cuando el diálogo institucional es genuino, la autoridad se ejerce con rigor y la tradición comunitaria se abraza con orgullo, la ciudad es plenamente capaz de celebrar en paz y armonía.
El primer motivo de optimismo radica en la concertación con el gremio de motociclistas. Por segundo año consecutivo, la capital de Bolívar dejó atrás la angustia que generaba la denominada ‘Rodada del Terror’. En lugar de bloqueos y carreras clandestinas, los clubes de moteros, mototaxistas y practicantes de stunt canalizaron su entusiasmo hacia la pista deportiva de más de 2.500 metros cuadrados habilitada en la Villa Olímpica de Chiquinquirá. Demostraron así que la pasión por las dos ruedas no riñe con el respeto al espacio público cuando existen voluntad ciudadana e infraestructura adecuada para la integración sana.
A este logro se suma el saldo en seguridad vial reportado por el Departamento Administrativo de Tránsito y Transporte (DATT). En una noche tradicionalmente crítica como la de Halloween, Cartagena registró cero víctimas fatales en accidentes de tránsito. Los operativos desplegados por más de setenta unidades operativas, la Policía y la Secretaría del Interior permitieron salvaguardar la vida de miles de familias. Los cuatro percances menores registrados y las sanciones aplicadas evidencian una autoridad vigilante que actuó de manera preventiva para garantizar que la fiesta no terminara en lamentos.
El broche de oro de este ciclo lo puso la luminosa mañana del 1 de noviembre con la fiesta de Ángeles Somos. En su primera edición tras ser consagrada como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación, niños, jóvenes y adultos recorrieron barrios y corregimientos con calderos y coplas tradicionales para nutrir el sancocho comunitario. Lejos del consumismo foráneo, esta festividad ancestral revalidó el valor del encuentro intergeneracional, el rescate del espacio público a la luz del día y la alegría de compartir entre vecinos.
Estos tres hitos revelan una verdad contundente: el civismo y la buena conducta ciudadana son el activo más valioso de Cartagena. La cultura de la no violencia en las vías, el respeto de los motociclistas y la solidaridad barrial de Ángeles Somos demuestran que la ciudad avanza decidida cuando sus habitantes eligen el orden y la fraternidad por encima del caos.
¡Con las Fiestas Novembrinas en ciernes nos pondremos nuevamente a prueba!
