Existe un vacío tan profundo que no se puede describir. Ese, justamente ese, era el que ella sentía en aquella tarde, cuando apenas despertaba de la anestesia general. Segundos antes, había empezado a sentir que transitaba por una especie tubo intergaláctico lleno de luces coloridas e infinitas, y al final sus ojos se toparon con las cortinas azul celeste de la clínica y con un millón de lágrimas infinitas —también—.
Acababa de salir de un legrado… Siendo sinceras, ni siquiera había tenido tiempo de asimilar su embarazo, pero ahora tendría que afrontar una pérdida.

—Era tan pequeño, ¿puedo llamarle hijo?— se preguntaba y le dolía, pero al mismo tiempo se sentía tan ridícula. Tan vacía y tonta y poco práctica. ¿Exagerada, tal vez? ¿Era para tanto?
Ojalá mi amiga hubiese sabido que no era la única, que sí era para tanto y que lo que ella sentía esa tarde —ese vacío difícil de nombrar— no es excepcional. Es, de hecho, una experiencia mucho más común de lo que se dice, aunque pocas veces se cuenta.
¿Qué es el aborto espontáneo?
Álvaro Monterrosa Castro, médico ginecólogo y obstetra, profesor de la Universidad de Cartagena, explica que “un aborto espontáneo es el cese definitivo del proceso de crecimiento y desarrollo del embarazo antes de que cumpla entre 20 y 28 semanas de gestación. Ese cese definitivo conlleva, pues, el final del embarazo”.
Según un estudio publicado en The Lancet -El aborto espontáneo importa: los costos epidemiológicos, físicos, psicológicos y económicos de la pérdida temprana del embarazo, 2021- “se estima que cada año se producen 23 millones de abortos espontáneos en todo el mundo”, es decir, hay 44 pérdidas de embarazo por minuto en el planeta; uno de cada cuatro embarazos.
2026: Cartagena reporta 295 abortos, la mayoría espontáneos
Para seguir hablando de números, el riesgo combinado de aborto espontáneo es, según el mismo estudio, del 15,3 % de todos los embarazos reconocidos. “La prevalencia poblacional de mujeres que han tenido un aborto espontáneo es del 10,8 %, dos abortos espontáneos es del 1,9 % y tres o más abortos espontáneos es del 0,7 %”.
En Colombia, el fenómeno tampoco es menor. Solo en 2020 hubo cerca de 33.000 abortos espontáneos, según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE). A pesar de su frecuencia, no hay estadísticas públicas más actualizadas del DANE y desde el Ministerio de Salud y Protección Social no suministran cifras claras ni seguimiento público sobre estas pérdidas, lo que contribuye a que el duelo permanezca en silencio. Le puede interesar: Cómo abordar el duelo por la pérdida de un hijo no nacido
En Cartagena, de acuerdo con el Departamento Administrativo Distrital de Salud (Dadis), en 2026 han registrado 295 abortos espontáneos, en su mayoría, aunque los datos también incluyen algunos “retenidos”, “incompletos” e “inducidos”.
El impacto emocional del aborto espontáneo
Para seguir hablando de vacíos, el mismo estudio de The Lancet subraya que “las consecuencias de un aborto espontáneo son tanto físicas —hemorragias o infecciones—, como psicológicas. Entre las consecuencias psicológicas se incluyen un mayor riesgo de ansiedad, depresión, trastorno de estrés postraumático y suicidio”.
Otra investigación, publicada por PubMed Central, de la Biblioteca Nacional de Medicina de los EE. UU., remarca que el aborto espontáneo “se clasifica como un evento traumático, asociado con un mayor riesgo de depresión, ansiedad, estrés postraumático, dependencia del alcohol, síntomas somáticos, disfunción sexual, suicidio y duelo complicado”.
Diana Cecilia Gómez Miranda, psicóloga clínica, especialista y magíster en Psicología Clínica Cognitivo Conductual, explica que estas pérdidas pueden ser devastadoras, incluso en embarazos tempranos, “porque el vínculo no empieza cuando nace un bebé. Empieza cuando se desea, cuando se imagina, cuando se hace la primera prueba de embarazo. Desde ese momento, la persona ya está construyendo una identidad como madre, ya está proyectando una vida, un nombre, un futuro. Perder un embarazo de seis semanas no es perder ‘un grupo de células’: es perder a ese hijo imaginado, ese rol, esa versión de sí misma que ya había comenzado a existir”… “El cuerpo ya estaba en modo ‘madre’”, dice.
¿Por qué muchas mujeres sienten que “no tienen derecho” a sufrir?, psicóloga responde
-Porque vivimos en una cultura que jerarquiza el dolor. Hay una idea implícita, y muy dañina: que el sufrimiento debe ser proporcional a algo visible, comprobable, reconocido socialmente. Un bebé que vivió años merece luto. Un embarazo de ocho semanas, según esa lógica distorsionada, “no tanto”.
Muchas mujeres interiorizan ese mensaje y se convierten en sus propias juezas más crueles. Se dicen: “No debería estar tan mal, fue muy temprano”, “Otras han pasado por cosas peores”, “Tengo que ser fuerte”.

Esto se llama invalidación emocional, y es una de las formas de sufrimiento más silenciosas y más destructivas. Cuando una persona niega su propio dolor para ajustarse a lo que la sociedad considera “apropiado”, no deja de sufrir. Simplemente lo hace sola, con vergüenza añadida.
Muchas mujeres que pierden un embarazo sienten culpa
Orlando Bustillo Pareja, médico ginecoobstetra, cuenta que, “lastimosamente, es muy común la autoflagelación de las mujeres” que se culpan tras una pérdida de este tipo y asegura que es clave educar a las pacientes “en fertilidad y en lo que significa la reproducción humana, porque, generalmente, ella no falló: hubo una pérdida involuntaria y espontánea”. Además, pasan por alto que “un porcentaje alto tiene que ver con problemas de fertilidad masculina”.
El doctor Monterrosa coincide: el sentimiento de culpa en la mujer es común pero infundado. Dado que el aborto espontáneo es una “falla del embarazo” y no de la persona, es crucial comunicar a la paciente que ella no es culpable. El enfoque debe ser evaluar posibles factores médicos y, si no se encuentran, la mujer puede intentar un nuevo embarazo sin temor.
Pero incluso cuando la ciencia logra explicar lo ocurrido, no siempre logra aliviar lo que queda. Saber que no fue su culpa no llena el vacío. No repara la ausencia. Y es ahí, en ese espacio donde ya no alcanzan las respuestas médicas, donde empieza otra conversación: la del acompañamiento.
¿Qué no decirle a una mujer que perdió su embarazo?
Detrás de frases como “Ya tendrás otro hijo”, “Fue lo mejor, algo debía estar mal”, “Al menos fue temprano” y tantas más habitan las buenas intenciones, pero también un error fundamental: pretenden “reemplazar en lugar de reconocer”, como dice la psicóloga.
¿Pero qué tal si aprendiéramos a acompañar sin pretender reparar?
“Cambiaría eso por una cultura de la presencia. Que supiéramos sentarnos al lado del dolor sin necesidad de llenarlo de palabras. Que entendiéramos que decir ‘no sé qué decirte, pero no te voy a dejar sola’ es, en muchos casos, lo más terapéutico que existe”, concluye la psicóloga clínica Diana Cecilia Gómez Miranda.
Las principales causas del aborto espontáneo
El aborto espontáneo es la causa más común de pérdida del embarazo. El doctor Monterrosa explica que el aborto espontáneo es una complicación frecuente del embarazo, causada principalmente por factores genéticos, hormonales, infecciosos o anatómicos.
En las primeras semanas, suele estar relacionado con alteraciones genéticas del embrión, mientras que infecciones, anomalías uterinas o miomas también pueden influir. El riesgo aumenta con la edad materna, especialmente después de los 40 años, así como por la exposición a toxinas y contaminación ambiental.
¿Cuándo el duelo por un aborto espontáneo se convierte en un problema de salud mental?
La psicóloga Diana Cecilia Gómez Miranda explica que el duelo tras un aborto espontáneo es, en esencia, una respuesta normal a una pérdida. Sin embargo, puede volverse un problema de salud mental cuando el dolor se prolonga o se transforma en depresión o ansiedad.
La tristeza persistente, el aislamiento, la dificultad para retomar la vida cotidiana o los pensamientos intrusivos son señales de alerta. El riesgo es mayor en mujeres con antecedentes emocionales o sin red de apoyo, casos en los que buscar ayuda profesional resulta fundamental.

