Las historias que Freddy Fortich quiere contarnos

10 de marzo de 2019 12:00 AM

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Siempre que pienso en Freddy, pienso en alguien que ama mucho al cine, mucho más de lo que dice, y eso que él lo dice bastante.

Lo recuerdo en la Universidad de Cartagena, en el Claustro de San Agustín, en el salón más recóndito del Cuartel. Allá, donde estábamos los primíparos de comunicación social en febrero de 2007, él se presentaba en cada clase nueva así: “Mi nombre es Freddy Fortich Vásquez, estudié en Los Salesianos”, ok, ok, no estoy segura de que hubiera mencionado el colegio siempre, pero lo que nunca faltaba era: “Y me gusta mucho el cine, quiero hacer cine”.

Freddy se retiró en quinto semestre, para estudiar comunicación audiovisual y multimedial en la Universidad de Antioquia, en Medellín, y nunca le pregunté por qué le gustaba tanto el cine, hasta cuando supe que ‘Radioman’, un cortometraje dirigido por él, se estrenaría en el 59 Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias, Ficci, que, a propósito, termina mañana. (Lea aquí: ‘Radioman’, del cartagenero Freddy Fortich, se estrenará en el Ficci 2019)

¿Por qué te gusta tanto el cine?

-Yo simplemente creo que se unieron varias cosas para que yo desde los doce años decidiera que quería ser cineasta. Primero, la relación que tenía con mi abuelo materno, él era un contador de historias nato, entonces, por ejemplo, me contaba muchas historias del pueblo, del pueblo de donde es toda mi familia materna: San Jacinto (Bolívar).

Los cuentos del abuelo José Domingo Vásquez debieron ser tan buenos, y tan poderosos, que hicieron a Freddy cambiar de opinión: “Yo decía que quería ser doctor, médico, y recuerdo mucho una anécdota: mi abuelo me contaba sus historias y un día yo dije: no, yo lo que quiero ser es escritor... Y él: ¡No, no, no, no! ¡Tú lo que tienes que ser es doctor! -ríe- Como que la embarré”. Freddy ríe mucho. (Lea aquí: La película cartagenera que se estrena hoy en el Festival Internacional de Cine)

También la embarró un poco, tiempo después, cuando lo invitaron a escribir en la revista del colegio, que se llamaba ‘Matices’, y en la que decidió escribir pequeñas reseñas de películas sin siquiera ver las películas. O a lo mejor no la embarró, porque para la siguiente edición solo escribió sobre filmes que se hubiera visto y entendió, a sus doce años, el rigor de contar las cosas bien. Ya para ese momento se trasnochaba viendo ‘Cine Arte’, un programa del Canal Caracol, y comenzó a escribir más de un párrafo, para analizar un poco más y entonces entendió cómo se hacían, y un día se dijo que quería hacerlo, es más, podía hacerlo. Estaba decidido: Freddy Fortich Vásquez no firmaría libros, sino películas.

“Y, bueno, después de eso simplemente el camino fue dándose en talleres, estuve en FesticineKids, ahí conocí a Gerardo Nieto y a Pedro Mendoza, Pedro fue mi primer profesor de audiovisual, y en ese taller hice mi primer corto, se llamaba ‘Los sueños del poeta’, eso fue en 2005, era muy básico y cuando lo terminé sentí mucha insatisfacción, fue como que sí había hecho todo lo que yo quería, pero no fue suficiente. Sentí como que no estaba contando nada, me sentí muy frustrado, pero no fue la semilla para abandonar, sino para continuar”. (Escuche aquí: Charlas con... Freddy Fortich: Radioman)

Después pasó el bachillerato, y llegó la Universidad de Cartagena con su comunicación social. ¿Comunicación social? ¿Por qué? ¿Por qué no cine?

“No creía en mi proyecto. Cuando terminé el colegio, la opción más viable era estudiar cine en Bogotá o estudiar comunicación social, en ese momento dudé... pero comunicación es una carrera un poco más sostenible, de pronto la gente la entiende un poco más, ¿cierto? Ahí dije: voy a estudiar comunicación, y que eso me sirva de puente para el cine, ¡una gran mentira!”, lo sabe ahora, aunque también sabe que no perdió esos dos años y medio. “De la U de C agradezco que me abrió la mente para pensar en los temas que yo quería retratar en el cine. No me arrepiento del camino, porque me da un sello muy personal que me permite contar historias tan locales como ‘Radioman’, pero también necesitaba cortar cuando corté para estudiar más lo audiovisual”.

Todavía en Cartagena, Freddy aplicó a una convocatoria llamada ‘Imaginando nuestra imagen’, en la que ganó un cupo en un taller intensivo de cine de seis meses. El resultado fue un cortometraje llamado ‘Nubia’, que contaba la historia de una fritanguera, y la certeza de que se tenía que ir a aprender cine. Y entonces partió a Medellín. Allá hizo ‘El hombre imaginario’, un corto autobiográfico con el que comenzó a conocerse en la escena cinematográfica universitaria de Colombia; y ‘El miedo y la gallina’, sobre el conflicto armado colombiano. Otro hit nacional, que recorrió varios festivales de cine, entre ellos el mismo Ficci y el Festival de Cine de Viña del Mar, proyecciones en Argentina, Perú y otros países; y que le dejó ese dulce sabor de boca que tienen los sueños cumplidos, y las ganas de probar más.

Estudió más cine en México y en Bogotá, y solo fue hasta ir a Bolivia que probó un poco del amargo del fracaso. Allá lo invitaron a grabar un corto en cien horas. Tenía una buena idea, pero ‘Eva’ terminó siendo un desastre: lo que se veía en pantalla no era la historia que él quería contar. “Fue no ser fiel a la idea inicial. Escuché demasiadas voces y se transformó en una cosa que no era”, dice, y ahora se ríe de ese episodio del que ni siquiera conserva una copia. Ahí, confiesa, se cuestionó si en realidad sí era bueno para el cine.

De vuelta a Colombia, y a Cartagena, terminó trabajando en la producción de la exitosa serie de Telecaribe ‘Déjala morir’, que contaba la historia de la cantadora la niña Emilia, y en la que Freddy se encargó del detrás de cámaras y de parte de las fotografías.

Luego trabajó en Casa Productora y allí dirigió 17 cortometrajes de 17 pueblos patrimonio de Colombia, lo cual significó un desafío tan colosal como el aprendizaje consiguiente. Comenzó a trabajar en la Universidad Tecnológica de Bolívar como docente, y ahí descubrió una pasión: la de guiar a los estudiantes, y preguntarles, siempre preguntarles para ayudarlos a decidir. Se ganó un estímulo del Fondo de Desarrollo Cinematográfico (FDC) para ‘Radioman’. Hizo el corto y sigue en la UTB.

***

Mucho cambió desde aquel 2007 en la Universidad de Cartagena, pero pienso que las preguntas de Freddy siguen siendo las mismas: ¿Cómo hacer que el público se ponga en los pies de personajes tan locales?

“Creo que ese es el poder del cine, le da al espectador una experiencia de empatía que no puede lograr otro tipo de producción. El poder del arte, en general, es ese, pero el cine, en particular, crea un universo que puede ser tu propia vida, y te ves reflejado en la pantalla: el cine como espejo de uno mismo. Y esa experiencia de empatía puede incluso cambiar el mundo, puedes entender al otro, desde sus diferencias y desde sus semejanzas”.

Freddy sabe que no todos sus videos, o sus cortos, le van a gustar. Seguramente le dará guayabo, y seguramente volverá a sentirse alguna vez en el lugar equivocado, con un pie afuera del cine. Pero también tiene la certeza de que siempre querrá volver a entrar en ese mundo. Siempre lo hará.

¿La historia que no has contado aún?
-Tengo muchos proyectos, pero te podría decir que la historia que sé que en algún momento tengo que desarrollar es la de mi abuelo. Es un acercamiento lo que haré con ‘Medianoche’ (su primer cuento, que escribió hace quince años, y que ahora es un guion que ganó un estímulo del FDC y desarrollará este año), pero tengo que contar todas las historias que él me contaba y la historia misma de él, de alguna forma esta película será un viaje por toda la tradición oral del Caribe, pero en este personaje, que es un personaje que también viaja, entonces creo que mi historia en deuda será la de José Domingo Vásquez.

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